Los seguidores más cinéfilos del Gran Hombre saben que su obra bebe profusamente de las mejores épocas del cine francés. Desde la Novelle Vague hasta el Noir Melvilliano, mucho a contribuído el país galo con su cinematografía a cimentar el imaginario, físicamente lejano, del genio de Knoxville. Sin embargo, si hay un director que ha marcado con más fiereza la retina de Tarantino, ese parece ser Jean-Luc Godard. Y si hay un film que ejemplifique a la perfección esa tendencia hacia el universo del director francés que se detecta en el cine del Gran Hombre, ese es Vivir su vida.
El film, protagonizado por la entonces esposa de Godard, la bellísima Anna Karina, nos muestra a una joven, Nana, dependienta de una tienda de discos que, acuciada por las deudas, decide introducirse en el mundo de la prostitución. Pero tranquilos, no desvelaremos mucho más sobre el argumento, sólo nos referiremos a él para crear un contexto.

Ya desde una de sus primeras secuencias, podemos descubrir en la película una manera especial de tratar el diálogo. Como buen adalid de la Nueva Ola, Godard huye del prototípico plano-contraplano para plasmar unos diálogos -naturales, casi espontáneos- que potencian la pulsión escópica. Buena prueba de ello es la secuencia en la barra del bar, en la que apenas intuimos las caras de los protagonistas reflejadas en un espejo y son sus espaldas las que se nos muestran. Hemos mencionado la naturalidad de los diálogos, lo que podría marcar una diferencia entre el director francés y el americano. Sin embargo, las frases de las películas de Tarantino, a pesar de ser artefactos perfectamente construídos y muy elaborados, alejados del hablar común en la vida real, son tan cotidianos como las hamburguesas o la televisión.
La película está dividida en doce capítulos que se anuncian con rótulos en la pantalla. No hay que ser precisamente un fan-fatal de QTpara recordar los capítulos en los que se dividían ambos volúmenes de Kill Bill, o la estructura de la genial Pulp Fiction. Algo muy propio de la intención de ambos directores, a los que les gusta mucho remarcar en su filmografía que lo que vemos en sus obras son actos de cine, historias en las que ellos actúan como demiurgos entre bambalinas fragmentando o, incluso, retorciendo el 'tempo' narrativo a su antojo.
Pero si hay un momento que creo es especialmente deslumbrante en la película -quizás por la presencia de Anna Karina por la que siento gran debilidad, lo confieso- es el baile en la sala de billar. Ya hemos hablado en este blog más de una vez sobre cómo Tarantino les ponía de ejemplo a Uma Thurman y John Travolta el baile de Banda Aparte, a la hora de ejecutar el 'twist' en Pulp Fiction. Sin embargo, la frescura con la que se mueve Anna K. me recuerda mucho más a los divertidos movimientos de jules Vincent y Mia en el film de 1994. Y es precisamente esa supuesta falta de coreografía la que Tarantino ha confesado varias veces que le fascina de los bailes en los films de Godard.
Otro dato que hermana la obra de ambos directores es la pasión que sienten los dos por el cine y su falta de pudor a la hora de dejar esto -cada uno a su manera- muy claro en pantalla. Si el anti-heroe de Amor a quemarropa, Clarence, se metía en un cine a ver un maratón de Sony Chiba, Nana acude a rendirse, en nombre del director, ante la obra del maestro C. Theodor Dreyer y su La pasión de Juana de Arco. Momento más frívolo y simpático es aquel en el que vemos un cartel de Jules y Jim, de Truffaut, lo que es ya un guiño posmoderno y una concesión a lo Pop, algo en lo que Quentin Tarantino se ha convertido en un verdadero especialista.

Dejando a un lado detalles más o menos obvios, una de las cosas que me parece especialmente reseñable de Vivir su vida es su visión de la mujer. Aunque alguna feminista desinformada pueda tachar de misógino al director francés -como ya ocurriera injustamente con Ford o Fassbinder- sobre todo por hacer de su protagonista una puta, nada más lejos de la realidad. El personaje de Anna K. se introduce en el mundo de la prostitución como un subterfugio con el que alcanzar la liberación. Ambos directores son muy dados a no acercarse a las mujeres de sus films desde una perspectiva paternalista o condescendiente, sino que las muestran en todo su poder como heroinas que luchan por domar las riendas de su propio destino, aunque a veces, como en el caso de Nana o de Alabama en Amor a quemarropa, tomen decisiones equivocadas. Salvando las distancias, podríamomos afirmar que, argumentalmente al menos, True Romance es el 'vivir su vida' de los decadentes años noventa. Además, a nadie se le escapa el cuidado con el que el director norteamericano plasma a las mujeres en sus films -incluso en los apenas se nota su presencia, como Reservoir Dogs-, pero sobre Quentin y las chicas nos extenderemos más en otro momento.
Resumiendo, es Vivir su vida una película imprescindible a la que todo amante del cine debería acercarse; pero yo se la recomendaría vivamente a cualquier mente inquieta que no haya visto nada de Jean-luc Godard y quiera aproximarse a la obra del francés huyendo de tópicos como Al final de la escapada -su salto a la fama y gran película- para disfrutar de un Godard que en este, su sexto largometraje, da muestras de una madurez cinematográfica difícil de igualar. Que la disfruten.




Precisamente hablaba yo hace menos de una semana con un recien enamorado de Tarantino, adolescente seducido por la violencia y la sangre, de lo que me gustaría entender mejor sus influencias para poder así comprender mejor aún sus películas.
Gracias por posts como estos en los que, al menos a mí, me ayudas a disfrutar aún más de cada detalle de las películas de El Gran Hombre.
Del 1 al 10: un 100. Esa es mi nota hacia tu -filmoteca Tarantino-. Si una cosa es importante para los fans de QT es: meternos en su mundo cinefilo... y con estos post lo haremos de puta madre. Yo para empezar, ya los estoy imprimiendolos y coleccionandolos. Un placer ver tanta dedicacion hacia el Gran Hombre.
Un salu2
mil gracias!!!
Un único reproche a tu por otra parte impresionante post, al que apobecho para agradecértelo, las veces que hagan falta, eres coj****. El reproche, si puede llamarsele así, solo es un fallo que podemos cometer cualquiera es: ¡No es Jules quien baila con Mia, es Vincent!!! jeje, esos fallos no eh...
Saludos y gracias una vez más por este post tan maravilloso!
jajaja, se me fue la pinza, perdón!!! paso a coregirlo.
Gracias por el aviso!!
Estoy de acuerdo, Lee, Vivir su Vida es cine puro. Es una de esas (pocas) películas que te dejan pensando si el cine es un arte o una metáfora de la vida. La atmósfera que crea Godard es perfecta, el glorioso blanco y negro mezclado con los días grises de un París nublado, melancólico, distante, perfecto. Siento ponerme tan existencialista, pero es que es una de mis películas favoritas y de uno de mis autores favoritos. La conversación sobre filosofía en la cafetería es impagable y el final es una especie de gatillazo que te queda contrariado pero aliviado. Es como si Nana por fin alcanzara la redención, por fin podrá descansar. Simplemente genial. Tengo un par de peticiones para la próxima entrada en la filmoteca: El Confidente (Le Doulos) o Made in USA.
Un saludo!!
*Zoográfico, me ha encantado tu comentario, sabes poner siempre la guinda, jejeje!! No dudes que tendré en cuenta tus peticiones. De hecho, te confieso que -a pesar de Le Samurai- el confidente es mi peli favorita de Melville!!!
Un abrazo!!