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Terra
La Coctelera

Categoría: Filmoteca Tarantino

Pregunta

Sí, sí, sí...  Inglorious Basterds, eso será otro día... Ahora, tengo una pregunta para usted:

¿Le gustó Death Proof? Si dice que no, le tengo tanto respeto como a Vicente Molina Foix. Circule.

Pero sea cual sea la respuesta, por favor, vea Dirty Mary, Crazy Larry. Muscle cars, Robert Mitchum en Thunder Road, cine del que uno da gracias de haber vivido para ver (y mira que la hemos nombrado aquí más de una vez), todo eso está en ese film. Pero estoy de revisión, de reválida post-LOGSE, de Sistema Educativo Español: Veanla, pasarán de curso en cualquier caso, pero echenle un vistazo.Harán del suyo un país mejor.

Bonus Track:

Si además se lo curran con cariño en un programa doble que incluya Carrera con el diablo y me proponen un trabajo optativo sobre por qué dos años después de esta peli nace un (como dirían los carteles americanos) "Race with the devil meets The Texas chainsaw massacre" llamado Las colinas tienen ojos...entonces, van para Matrícula.

Perdonen el tono, pero... ¡estamos en septiembre, amigos!

Filmoteca Tarantino: Vivir Su Vida

Los seguidores más cinéfilos del Gran Hombre saben que su obra bebe profusamente de las mejores épocas del cine francés. Desde la Novelle Vague hasta el Noir Melvilliano, mucho a contribuído el país galo con su cinematografía a cimentar el imaginario, físicamente lejano, del genio de Knoxville. Sin embargo, si hay un director que ha marcado con más fiereza la retina de Tarantino, ese parece ser Jean-Luc Godard. Y si hay un film que ejemplifique a la perfección esa tendencia hacia el universo del director francés que se detecta en el cine del Gran Hombre, ese es Vivir su vida.

El film, protagonizado por la entonces esposa de Godard, la bellísima Anna Karina, nos muestra a una joven, Nana, dependienta de una tienda de discos que, acuciada por las deudas, decide introducirse en el mundo de la prostitución. Pero tranquilos, no desvelaremos mucho más sobre el argumento, sólo nos referiremos a él para crear un contexto.

Ya desde una de sus primeras secuencias, podemos descubrir en la película una manera especial de tratar el diálogo. Como buen adalid de la Nueva Ola, Godard huye del prototípico plano-contraplano para plasmar unos diálogos -naturales, casi espontáneos- que potencian la pulsión escópica. Buena prueba de ello es la secuencia en la barra del bar, en la que apenas intuimos las caras de los protagonistas reflejadas en un espejo y son sus espaldas las que se nos muestran. Hemos mencionado la naturalidad de los diálogos, lo que podría marcar una diferencia entre el director francés y el americano. Sin embargo, las frases de las películas de Tarantino, a pesar de ser artefactos perfectamente construídos y muy elaborados, alejados del hablar común en la vida real, son tan cotidianos como las hamburguesas o la televisión.

La película está dividida en doce capítulos que se anuncian con rótulos en la pantalla. No hay que ser precisamente un fan-fatal de QTpara recordar los capítulos en los que se dividían ambos volúmenes de Kill Bill, o la estructura de la genial Pulp Fiction. Algo muy propio de la intención de ambos directores, a los que les gusta mucho remarcar en su filmografía que lo que vemos en sus obras son actos de cine, historias en las que ellos actúan como demiurgos entre bambalinas fragmentando o, incluso, retorciendo el 'tempo' narrativo a su antojo.

Pero si hay un momento que creo es especialmente deslumbrante en la película -quizás por la presencia de Anna Karina por la que siento gran debilidad, lo confieso- es el baile en la sala de billar. Ya hemos hablado en este blog más de una vez sobre cómo Tarantino les ponía de ejemplo a Uma Thurman y John Travolta el baile de Banda Aparte, a la hora de ejecutar el 'twist' en Pulp Fiction. Sin embargo, la frescura con la que se mueve Anna K. me recuerda mucho más a los divertidos movimientos de jules Vincent y Mia en el film de 1994. Y es precisamente esa supuesta falta de coreografía la que Tarantino ha confesado varias veces que le fascina de los bailes en los films de Godard.

Otro dato que hermana la obra de ambos directores es la pasión que sienten los dos por el cine y su falta de pudor a la hora de dejar esto -cada uno a su manera- muy claro en pantalla. Si el anti-heroe de Amor a quemarropa, Clarence, se metía en un cine a ver un maratón de Sony Chiba, Nana acude a rendirse, en nombre del director, ante la obra del maestro C. Theodor Dreyer y su La pasión de Juana de Arco. Momento más frívolo y simpático es aquel en el que vemos un cartel de Jules y Jim, de Truffaut, lo que es ya un guiño posmoderno y una concesión a lo Pop, algo en lo que Quentin Tarantino se ha convertido en un verdadero especialista.

Dejando a un lado detalles más o menos obvios, una de las cosas que me parece especialmente reseñable de Vivir su vida es su visión de la mujer. Aunque alguna feminista desinformada pueda tachar de misógino al director francés -como ya ocurriera injustamente con Ford o Fassbinder- sobre todo por hacer de su protagonista una puta, nada más lejos de la realidad. El personaje de Anna K. se introduce en el mundo de la prostitución como un subterfugio con el que alcanzar la liberación. Ambos directores son muy dados a no acercarse a las mujeres de sus films desde una perspectiva paternalista o condescendiente, sino que las muestran en todo su poder como heroinas que luchan por domar las riendas de su propio destino, aunque a veces, como en el caso de Nana o de Alabama en Amor a quemarropa, tomen decisiones equivocadas. Salvando las distancias, podríamomos afirmar que, argumentalmente al menos, True Romance es el 'vivir su vida' de los decadentes años noventa. Además, a nadie se le escapa el cuidado con el que el director norteamericano plasma a las mujeres en sus films -incluso en los apenas se nota su presencia, como Reservoir Dogs-, pero sobre Quentin y las chicas nos extenderemos más en otro momento.

Resumiendo, es Vivir su vida una película imprescindible a la que todo amante del cine debería acercarse; pero yo se la recomendaría vivamente a cualquier mente inquieta que no haya visto nada de Jean-luc Godard y quiera aproximarse a la obra del francés huyendo de tópicos como Al final de la escapada -su salto a la fama y gran película- para disfrutar de un Godard que en este, su sexto largometraje, da muestras de una madurez cinematográfica difícil de igualar. Que la disfruten.

Faster, Pussycat! Kill Bill!

No, no nos hemos equivocado de título. Hoy, nuestra sección dedicada a la Filmoteca QT versa sobre una película de 1965 dirigida por el grandísimo Russ Meyer: Faster, Pussycat! Kill! Kill!

A Russ Meyer se le conoce por ser el creador del cine "mamario" y porque sus películas son tan divertidas e ingeniosas y contienen tantos elementos propios que muchos no dudan en calificarlo como verdadero auteur del cine erótico; todo ello a pesar de que enclavar a este director en ese género cinematográfico puede considerarse un grave error o, al menos, una categorización superflua y maniquea, ya que sus películas abarcan mucho más.

Films como Mondo Topless, Cherry, Harry & Raquel! Supervixens o Up! se han ganado su hueco en el imaginario de los más fanáticos de la subcultura, la cultura pop y el cine outsider.

Sin embargo, es probablemente Faster, Pussycat! Kill! Kill! su obra más redonda, más violenta y...la que más ha influido en el cine de Quentín Tarantino. Concretamente en una película (bueno, para algunos, dos películas): Kill Bill.

En Faster, Pussycat! Kill! Kill! Lori Williams, Haji y la grandiosa Tura Satana dan vida a tres "strippers" amantes de la velocidad, que no dudarán un momento en atizar a un "buen chico" y robarle a su joven novia, tras lo que se refugiarán en casa de un viejo granjero y sus hijos. Allí, las chicas intentarán hacer de las suyas, aunque... bueno, si quereis saber el resto, teneis que verla.

Este film plantea su declaración de intenciones nada más empezar. Una voz en off (podeis ver el video abajo) exlama: "Ladys and Gentlemen, welcome to violence!" Y es que violencia y sexo es justo lo que proporcionaban las películas de Russ Meyer en una época -los remilgados años sesenta, por mucho hippismo que se respirara en el ambiente- en las que no muchos -Herschell Gordon Lewis es, sin duda, el gran pionero del género con su Blood Feast de 1963- eran capaces de poner toda la carne en el asador. Este era el tipo de films conocidos como películas de explotación -¿No son acaso explotaition movies las que se proyectaban en las Grind Houses? Exacto, como la nueva peli de Tarantino y Robert Rodríguez...-, y lo que se explota en uno de estos films es, precisamente, la parte más libidinosa y agresiva del público.

Sin embargo Faster, Pussycat! Kill! Kill! aún incluyendo una buena ración de chicas con poca ropa, brilla precisamente por su violencia y no tanto por los elementos sexuales. Sin ni siquiera tener que acercarse al gore más explícito, Meyer consigue crear momentos de auténtica tensión, mostrando a las mujeres -al contrario que el cine de los cincuenta abanderado por los pastelazos protagonizados por Doris Day- en un papel activo como verdadero ser dominante y peligroso de la historia -¿os suena?-. No es aventurado afirmar que muchos de los combates entre las chicas de Kill Bill beben de las fuentes de esta película. Más concretamente, los enfrentamientos entre La Novia y Elle Driver o Vernita Green son un fiel reflejo de la pasión de Tarantino por esta perla del "tío" Russ.

Tal y como dicen en el excelente documental Russ Meyer, King of sexploitation (no está en IMDB pero podeis encontrarlo en la mula), no sólo es la violencia la que influyó en el cine de de El Gran Hombre, también la manera de abordar las escenas, la narración -con diferentes puntos de vista de una misma situación- y un gran sentido del humor negro son en parte, la herencia propuesta por un director que perdió su virginidad en un burdel invitado por Hemingway. Eso por no hablar de uno de los rasgos que más caracteriza a ambos directores: el fetichismo, que si bien Meyer enfoca hacia los grandes pechos, QT lo siente más por los pies femeninos.

Por tanto un film y un cineasta cuyas obras, sin duda alguna, Quentin Tarantino posee en su videoteca y al que merece la pena descubrir.

Por cierto, no sólo ha Tarantino le llega la influencia de Russ Meyer, y si no, fijaos en el título de este capítulo de Rasca y Pica, micro-serie que ya homenajeó a QT en su día:

Filmoteca Tarantino: La Novia Vestía de Negro

Imaginad el siguiente argumento: Una chica joven y guapa acude a su boda, pero el día más feliz de su vida se ve truncado por cinco personas que matan a su marido. La chica, entonces, decide vengarse de los asesinos del hombre al que amaba.

Os suena, ¿verdad?. Muchos afirmareis que estamos hablando de Kill Bill, la genial saga de venganzas dirigida por el Gran Hombre. Sin embargo, puede que los más cinéfilos se hayan percatado de que no (sólo) hablamos de este film de Quentin Tarantino. La sinopsis con la que comenzábamos corresponde a la película La novia vestía de negro, dirigida por François Truffaut en 1968, como adaptación de la novela homónima de William Irish.

De todos es sabida la pasión que siente el director americano por el cine francés -especialmente por las obras de Godard-, por ello no debe extrañar que QT eligiera esta obra para extraer el principal hilo argumental de Kill Bill

La novia vestía de negro es una original película dentro de la filmografía de Truffaut, en la que este se aparta de su alter ego Antoine Doinel, para hacer un film que mira de cerca al Hitchcock más oscuro. A pesar de que el director francés no estaba especialmente orgulloso de esta película -así lo afirma en su libro El cine según Hitchcock-, Truffaut consigue una estupenda mezcla del noir más europeo -a la cabeza nos vienen las obras de su compatriota Melville- con el subgénero del "cine vengativo". Sin embargo, se aparta del clasicismo de otras obras como la Furia de Fritz Lang, en la que el perfil psicológico y los conflictos morales que plantea el castigo son la nota dominante, para centrarse en la más pura venganza, desnuda, sin planteamientos éticos que puedan distraer al espectador de las desventuras de la protagonista. Para ello, Truffaut deja bien claro que la génesis de la venganza -como ya hiciera Tarantino desde la primera secuencia de Kill Bill- radica en el dolor que otros causaron injustamente a la víctima.

Pero no sólo el argumento nos trae a la memoria la saga protagonizada por Uma Thurman, ya que hay planos de ésta que remiten directamente al film francés, como aquel en el que la novia -soberbiamente interpretada por Jeanne Moreau- tacha de una lista los nombres de aquellos cuya muerte ya se ha cobrado, y situaciones -como el hecho de que uno de los asesinos del marido tenga un hijo-, que también aparecen en Kill Bill.

Si bien el film adolece a veces de cierta falta de ritmo, su visionado será de especial interés para los seguidores más acérrimos de Tarantino. Los múltiples sistemas que la novia elige para matar -sustentado de un preciso conocimiento de las debilidades de cada una de las víctimas-, unidos a un cierto sabor Pulp -producto del bajo presupuesto del film-, a la partitura original de Bernard Herrmann y al hecho de ir descubriendo las partes que pudieron inspirar al Gran Hombre hacen de La novia vestía de negro una película que no puede faltar en una Filmoteca QT.

Filmoteca Tarantino: Lady Snowblood

Que Kill Bill es una enorme enciclopedia audiovisual de cinefagia es algo que cualquier buen seguidor de Quentin Tarantino sabe de sobra. Sin embargo, de las decenas de películas a las que El Gran Hombre homenajea, plagia o hace referencia en su saga de venganza y katanas, hay algunas en las que se regodea especialmente. Y, sin duda, uno de esos films que más influyeron en Tarantino para abordar Kill Bill fue Lady Snowblood, del japonés Toshiya Fujita.

El film -que trata sobre una mujer que desde niña sabe que debe vengar a su familia muerta y que tendrá que entrenarse muy duro para ello-, es quizás, una de las mejores historias de venganza que se han llevado a la gran pantalla. Con un ritmo que no deja hueco al aburrimiento, los combates -rápidamente resueltos, cosa a la que Tarantino sabrá sacarle partido en muchos momentos de su saga- no escatiman en sangre y violencia.

El largometraje data de 1973 y posee un planteamiento muy original en el que viñetas de comic introducen algunas partes de la historia, la cual, nos es narrada de modo asíncrono. Mención aparte merece la banda sonora, sustentada por un bello tema cantado por su protagonista, Meiko Kaji, que Tarantino ustilizará en el vol. 1 de Kill Bill. Por su puesto que la escena de lucha entre O-Ren Ishii y La Novia remite directamente a Lady Snowblood

En definitiva, una obra para ser contemplada, de factura impecable, con la que disfrutar de las andanzas de "un ser nacido para la venganza".

Ahí va el trailer:

Una película de obligada visión para todos los fans del Gran Hombre.